Practicar la auto-compasión en un mundo que te pide que cambies

Practicar la auto-compasión en un mundo que te pide que cambies

Vives en un mundo que te está pidiendo, constantemente, que cambies. Ser mejor. Transformarte. Ser más fuerte. Más fit. Hacer más dinero. Ser más productivo. Ser una mejor persona. Ser un mejor hijo – y ¿No sientes que es agotador a veces pensar en la idea de que siempre tienes algo que hacer o mejorar?

Es como escalar una montaña pero cuando llegas a la cima, no descansas, no disfrutas el paisaje sino que inmediatamente piensas en otra montaña para escalar. 

Pero eso le pasa a muchos seres humanos. Y es que es ese sentimiento de no sentirse suficiente. De sentir que independientemente de lo que hagan, si es el mejor profesor de yoga, o el dinero que haga o si es la mejor hija, siempre va a estar ese sentimiento de no ser suficiente o que hay un error o que hay que sanar.

¿Qué piensas de ti cuando no eres productivo?

¿Qué piensas de ti cuando no logras una meta?

¿Qué piensas de ti cuando te dicen algo que tu no crees que eres?

La única forma de salir de ese círculo de no sentirte suficiente es <volver a casa> – y cuando hablamos de volver a casa, es volver a la autocompasión. Dejarte ser. Aceptarte donde estás y lo que eres. Ser  consciente de tu crítica interna y trabajar la aceptación. Porque cuando has pensado toda tu vida creyendo que tu valor está en tu habilidad para producir, para conseguir, para tener éxito…no va a ser extraño que en el momento en que hagas una pausa, tu crítica interna salga a flote y se haga mucho más fuerte. 

Mira hacia tu interior en lugar de mirar hacia afuera. Observa tus pensamientos y cuestiona tu crítica interna. Busca ser sincero contigo para que identifiques las razones por las cuales te exiges, te presionas, te comparas,…. porque aunque tu ser interno desea que seas feliz, te dejas inundar de pensamientos distractores que te dicen repetidamente que no eres suficiente. 

La práctica de la compasión contigo mismo te salvará de la rapidez con la que te presionas para lograr “ser mejor” supuestamente, cuando en realidad no hay armonía en tu interior con la prisa con la que estás viviendo. Darnos la oportunidad de tener espacios de autocompasión en el día a día,  nos traerá calma y paz. 

Todo está bien..

Así como eres…. 

Eres suficiente…

Hoy…

Y en todo momento.

Permitirse ser vulnerable para sanar-se

Permitirse ser vulnerable para sanar-se

Recuerdo que estaba en un entrenamiento para aprender a hablar en público. Era un fin de semana y estaba muy emocionada porque estaba comenzando una etapa de mi vida con un proyecto personal y sabía que el entrenamiento me iba a aportar mucho.

En ese entrenamiento tuve varios momentos en los que me pregunté qué estaba haciendo ahí, en qué momento se me había ocurrido inscribirme para un entrenamiento de ese tipo, ya que para mí – hablar en público- no era algo que yo sintiera que hacía muy bien. Recordé una anécdota relacionada con una presentación que tuve cierto día en la Universidad ante a un grupo de aproximadamente 30 personas.  Salí al frente para comenzar a hablar, y de repente ¡mi mente quedó en blanco! como si hubiera olvidado todo lo que había estudiado… le dije entonces a la profesora y ante todo el grupo, que no era capaz de hacerlo. Obviamente fue una gran sorpresa para mi profesora y para mis compañeros, lo único que se me ocurrió hacer entonces para salvar la presentación, fue sacar mis notas y leer.

Retomando el tema de mi entrenamiento y para dar un mejor contexto de lo que para mi era hablar en público, este entrenamiento era todo un reto pues siempre he sido muy introvertida y muy concreta en mis discursos, sin embargo quería hacerlo.

Entre las prácticas del entrenamiento tuvimos un ejercicio en grupos de a 3 personas;  debíamos salir a la calle a hacer algo que nos diera mucha vergüenza o cobardía.. No  describiré cómo se dio exactamente, pero lo que sí puedo contar es que cuando llegué nuevamente al salón, estaba llorando, y no precisamente porque hubiera enfrentado el ejercicio y lo hubiera hecho, sino porque no fui capaz, fui la única del grupo que no logró hacerlo pues nuevamente me quedé paralizada

Mi entrenadora me vió llorando, yo realmente trataba de ocultar mis lágrimas porque sabía que me iba a preguntar en público cómo me había sentido haciendo el ejercicio y seguidamente lo hizo, me preguntó e hizo un ejercicio conmigo delante de todos. Por temas de confidencialidad no puedo describir cómo fue, pero sí puedo contar el impacto que tuvo en mi. Todo lo que menos hubiera querido sentir al hablar en público lo sentí ese día, lloré como nunca, mis compañeros lloraron conmigo, pero fue de las experiencias más maravillosas que he tenido; me sentí inmensamente vulnerable y abierta con las personas y eso realmente actuó como una especie de sanación en mi.

A partir de ese día, entendí lo que era sentirse vulnerable y cómo la vulnerabilidad podía hacer que yo fuera capaz de mostrar mi esencia y expresar mi verdad,  y al abrir mi corazón y mi alma y al dejarlos fluir, entonces otros podían ver también mi propia alma.

Con esto quiero compartirte que permitirme ser vulnerable ha cambiado mi vida y ha sido un ejercicio constante. A veces actuamos frente a otros de forma diferente a como realmente somos porque nos da temor la crítica. Sin embargo, el miedo y la crítica posiblemente siempre estén, no importa cuales sean tus posiciones, opiniones o situación particular en la que te encuentres, por tanto, siempre será mejor mostrar tu autenticidad y seguir adelante.

La vulnerabilidad requiere coraje para abrirte y para mostrar tus emociones y cuando tenemos el coraje de hacerlo es como si abriésemos un camino directo hacia la expresión de nuestro verdadero ser, de nuestra verdadera esencia;  haciendo esto, vivimos una vida más gratificante y feliz. 

¿Qué tal si te dijera que la vulnerabilidad puede transformar la forma como vives, amas y lideras?

¿Qué tal si te dijera que decir “no” es parte de ser vulnerable?

¿Qué tal si supieras la transformación que puede tener tu vida, si “pides ayuda a los demás” cuando lo necesites?

y ¿qué tal si llamas a un familiar o amigo a quien le profeses gran cariño y entonces le dices que lo quieres?

¿Me creerías que las siguientes actuaciones o comportamientos, pueden cambiar tu vida? 

  • Hacer ejercicio en público cuando incluso crees que no estás en forma.
  • Enamorarte.
  • Admitir que tienes miedo.
  • Tener tu primera cita después de divorciarte.
  • Llorar en público.
  • Decirle a tu familia que la quieres.

Cuando te atreves a ser tu mismo, con todas tus fortalezas, belleza, inseguridades,… podrás ver la verdadera fortaleza de tu espíritu.

Con amor,

Vanessa