Permitirse ser vulnerable para sanar-se

Escrito por vanessalondono

julio 31, 2020

Recuerdo que estaba en un entrenamiento para aprender a hablar en público. Era un fin de semana y estaba muy emocionada porque estaba comenzando una etapa de mi vida con un proyecto personal y sabía que el entrenamiento me iba a aportar mucho.

En ese entrenamiento tuve varios momentos en los que me pregunté qué estaba haciendo ahí, en qué momento se me había ocurrido inscribirme para un entrenamiento de ese tipo, ya que para mí – hablar en público- no era algo que yo sintiera que hacía muy bien. Recordé una anécdota relacionada con una presentación que tuve cierto día en la Universidad ante a un grupo de aproximadamente 30 personas.  Salí al frente para comenzar a hablar, y de repente ¡mi mente quedó en blanco! como si hubiera olvidado todo lo que había estudiado… le dije entonces a la profesora y ante todo el grupo, que no era capaz de hacerlo. Obviamente fue una gran sorpresa para mi profesora y para mis compañeros, lo único que se me ocurrió hacer entonces para salvar la presentación, fue sacar mis notas y leer.

Retomando el tema de mi entrenamiento y para dar un mejor contexto de lo que para mi era hablar en público, este entrenamiento era todo un reto pues siempre he sido muy introvertida y muy concreta en mis discursos, sin embargo quería hacerlo.

Entre las prácticas del entrenamiento tuvimos un ejercicio en grupos de a 3 personas;  debíamos salir a la calle a hacer algo que nos diera mucha vergüenza o cobardía.. No  describiré cómo se dio exactamente, pero lo que sí puedo contar es que cuando llegué nuevamente al salón, estaba llorando, y no precisamente porque hubiera enfrentado el ejercicio y lo hubiera hecho, sino porque no fui capaz, fui la única del grupo que no logró hacerlo pues nuevamente me quedé paralizada

Mi entrenadora me vió llorando, yo realmente trataba de ocultar mis lágrimas porque sabía que me iba a preguntar en público cómo me había sentido haciendo el ejercicio y seguidamente lo hizo, me preguntó e hizo un ejercicio conmigo delante de todos. Por temas de confidencialidad no puedo describir cómo fue, pero sí puedo contar el impacto que tuvo en mi. Todo lo que menos hubiera querido sentir al hablar en público lo sentí ese día, lloré como nunca, mis compañeros lloraron conmigo, pero fue de las experiencias más maravillosas que he tenido; me sentí inmensamente vulnerable y abierta con las personas y eso realmente actuó como una especie de sanación en mi.

A partir de ese día, entendí lo que era sentirse vulnerable y cómo la vulnerabilidad podía hacer que yo fuera capaz de mostrar mi esencia y expresar mi verdad,  y al abrir mi corazón y mi alma y al dejarlos fluir, entonces otros podían ver también mi propia alma.

Con esto quiero compartirte que permitirme ser vulnerable ha cambiado mi vida y ha sido un ejercicio constante. A veces actuamos frente a otros de forma diferente a como realmente somos porque nos da temor la crítica. Sin embargo, el miedo y la crítica posiblemente siempre estén, no importa cuales sean tus posiciones, opiniones o situación particular en la que te encuentres, por tanto, siempre será mejor mostrar tu autenticidad y seguir adelante.

La vulnerabilidad requiere coraje para abrirte y para mostrar tus emociones y cuando tenemos el coraje de hacerlo es como si abriésemos un camino directo hacia la expresión de nuestro verdadero ser, de nuestra verdadera esencia;  haciendo esto, vivimos una vida más gratificante y feliz. 

¿Qué tal si te dijera que la vulnerabilidad puede transformar la forma como vives, amas y lideras?

¿Qué tal si te dijera que decir “no” es parte de ser vulnerable?

¿Qué tal si supieras la transformación que puede tener tu vida, si “pides ayuda a los demás” cuando lo necesites?

y ¿qué tal si llamas a un familiar o amigo a quien le profeses gran cariño y entonces le dices que lo quieres?

¿Me creerías que las siguientes actuaciones o comportamientos, pueden cambiar tu vida? 

  • Hacer ejercicio en público cuando incluso crees que no estás en forma.
  • Enamorarte.
  • Admitir que tienes miedo.
  • Tener tu primera cita después de divorciarte.
  • Llorar en público.
  • Decirle a tu familia que la quieres.

Cuando te atreves a ser tu mismo, con todas tus fortalezas, belleza, inseguridades,… podrás ver la verdadera fortaleza de tu espíritu.

Con amor,

Vanessa

También te puede interesar…